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	<title>Marce nomalumbre&#039;</title>
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	<description>Con el tiempo olvidé a Mariana. Es extraño que lo único que permanece  en mi memoria sean sus  pies. Los recuerdo suaves y diminutos como una isla de Centroamérica. RAMIRO GONZÁLEZ - Royale</description>
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		<title>PAULA MAFFEI</title>
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		<pubDate>Sun, 20 May 2012 02:03:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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23 de julio
            -
   
             Odio las palomas. Es algo visceral, incontenible. Las odio desde que me mude a mi nueva casa, hace ya más de 15  &#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><br /><p><strong><span style="text-decoration: underline;">.<img src="http://1.bp.blogspot.com/_kx2db6hc6Y8/TUqhU1TBx0I/AAAAAAAAAoE/l2KC3hnojeE/s1600/palomas_tejado.JPG" alt="" width="443" height="405" /></span></strong></p>
<h2><span style="color: #ff6600;">23 de julio</span></h2>
<h2>            -</h2>
<p>   </p>
<p>             Odio las palomas. Es algo visceral, incontenible. Las odio desde que me mude a mi nueva casa, hace ya más de 15 años. Antes no veía palomas, no las escuchaba conversar sobre mi ventana, ni deslizarse por el techo inclinado, no veía su excremento en la puerta, sobre el auto o en el piso del living al pie de la chimenea.</p>
<p>                Busqué todas las maneras posibles de exterminarlas. Veneno, pegamento en las cornisas, pinchos metálicos en las canaletas. Pero ninguna tan divertida como dispararles con el rifle de aire comprimido que me había prestado mi ex para ese fin.</p>
<p>                Resultó ser una actividad, que iniciada por mí, unía a toda la familia los sábados después de almuerzo con la alegría y el frenesí propias de los feligreses llegando a misa los domingos a la tardecita. Todos disparábamos, de a uno a la vez. Lo malo era que después de cada disparo había que esperar un rato para que las palomas, espantadas pero ilesas, volvieran a posicionarse.</p>
<p>                Mi papá lo tomó como algo personal, y no porque odiara tanto a esos bichos alados, sino porque a pesar de su enseñanza militar de la que se jacta y enorgullece, nunca había podido acertar en el blanco. <em>“La mira está corrida”</em>. Acusaba como en legítima defensa. Nosotros nos mirábamos y sonreíamos con complicidad y disimulo, después de todo, el hombre estaba armado.</p>
<p>                Recuerdo un sábado de julio gris, triste y frío. Regresaba a mi casa después de comer esperando encontrar algún cómplice para jugar en nuestro propio polígono de tiro, cuando sonó mi celular. La abuela acababa de morir.</p>
<p>                Desde el auto que avanzaba por la cortada a velocidad constante vi, entre las copas peladas de los árboles, la cumbrera del techo de mi casa. Sobre ella, una formación de palomas inertes, tristes, desoladas. Como esperando el disparo en el paredón de fusilamiento.</p>
<p>                Mi tristeza, mi desolación, el techo de cinc, gris, el cielo de julio, gris, las palomas…</p>
<p>-</p>
<p>-</p>
<h3><span style="color: #339966;">El último cigarrillo antes de partir</span></h3>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;"> </span></strong></p>
<p>                Las palabras de mi abuela siempre fueron escalofriantemente directas. Su agudeza para analizar las situaciones no deja de sorprenderme, su determinación es pocas veces vista. Ella no duda en actuar: avanza. No duda en hablar: dispara.</p>
<p>                Como vivimos lejos, nos vemos poco, apenas dos semanas al año. En cada visita anual tenemos oportunidad de hablar a solas una o dos veces, lo que el resto de la familia lo permita. A mí me cuesta sintetizar en esos encuentros la cantidad de temas que quiero discutir con ella. Pienso en anticipado cuáles tocar y cuáles no ameritan sus preciadas devoluciones.</p>
<p>                Ese año ya habíamos tenido nuestros encuentros de rigor pero el destino me regaló cinco minutos de yapa. Mientras hacía su valija para partir, yo me senté en el borde de la cama a mirarla, a hacerle compañía. Fue entonces cuando me hizo una pregunta para la que no tenía ensayada la respuesta.</p>
<p><em>                -“Cómo estas con Henry?”</em></p>
<p>                La miré desconcertada, no sabía qué responder. Finalmente dije con seguridad: <em>“Bien. Él está muy bien. Se fue a vivir solo a un departamento divino por Oroño, se compró un auto, está contento con su trabajo. La pasamos bien juntos…”</em>. Fin de la oración. Exhalé tranquila, conforme con la respuesta que había improvisado.</p>
<p>                Sus ojos me miraron fijamente.</p>
<p>                <em>-“Esta bien, pero eso qué tiene que ver?”</em> dijo. <em>“Yo te pregunto cómo están?”.</em></p>
<p>                <em>-“Bien”.</em> Repetí con paciencia, pensando que quizás no había escuchado el comienzo de mi respuesta. <em>“Las cosas se van encaminando, eso me da tranquilidad…”.</em></p>
<p>                Sus manos casi automatizadas dejaron de doblar sweaters al instante. Se acercó al escritorio y encendió el último cigarrillo antes de partir. Supongo que estaba pensando cómo enunciar la pregunta siguiente y, finalmente, disparo: <em>“Estás enamorada? O no?”.</em></p>
<p>                Sus palabras fueron una lanza directa a mi corazón. Había vuelto a hacerlo, me estaba enfrentando con lo más íntimo de mi ser.</p>
<p><em>-“Bueno…eh. Sí. Creo que sí. No sé. Cómo se sabe si uno está enamorado? Vos cómo te diste cuenta que estabas enamorada de Abu? Yo estoy bien. Creo.”.</em> Vomité esas palabras sin sentido, sin conexión unas con otras. Palabras sueltas que denotaban mi estado de confusión. Me quedé en silencio, recapitulando sobre lo que acababa de decir. No recordaba bien qué había dicho.</p>
<p>-<em>“Si estás enamorada, lo sabés”</em>. Sentenció la vieja.</p>
<p>Cambié de tema rápidamente. Le pregunté si tenía su pasaporte, a qué hora venía a buscarla el remisse, quién la esperaba en el aeropuerto. La despedí en la vereda como cada año.</p>
<p>Esa misma noche hablé con Henry. Ya no habría casamiento, ni viajes, ni planes juntos. El motivo era sólo uno, sin lugar a peros ni reproches: ya no te amo.</p>
<p>-</p>
<p>-</p>
<h3><span style="color: #666699;">La llamada</span></h3>
<h3> -</h3>
<p> </p>
<p>                Lo había conocido hacía un año en un casamiento. Lo vi cruzar calle Buenos Aires corriendo y entrar a la Catedral atándose el nudo de la corbata. A primera vista me impactó.</p>
<p>                Nos vimos después en la fiesta. Hablamos y me pidió el número de teléfono. Pero él vivía en La Pampa así que, a partir de ahí, nuestra relación se limitó a algunos contactos esporádicos vía Facebook. A veces, cuando estaba aburrida, entraba a ver su “perfil”. Su presencia, inclusive en fotos, me cautivaba. Con el tiempo, los contactos se volvieron cada vez más espaciado y, por desgracia, nunca volvimos a vernos.</p>
<p>                Ayer sonó mi celular. Miré la pantalla. Número desconocido. Atendí.</p>
<p>                -“Hola Paula. Habla José Rufón.”.</p>
<p>                De mi lado, un silencio de tumba. Mi corazón empezó a latir con mayor velocidad ante la adrenalina que despertaba escuchar esa voz desconocida con la que tanto había soñado.</p>
<p>                -“Hola José. Cómo andas tanto tiempo? Qué contas?” Contesté en tono relajado.</p>
<p>                -“Bien. ¡Todo bien! Escuchá, te llamo por lo siguiente: mañana tengo que ir al cementerio a firmar los papeles para la reducción del cajón de mi abuelo Pablo. Pero sé que en el panteón también hay gente de tu familia y quería saber si podías venir así hacemos todo junto de una vez.”</p>
<p>                Lo dejé terminar, no por respeto sino porque no me atreví a interrumpirlo. Finalmente dije:</p>
<p>                -“Me parece que te confundiste de Paula”.</p>
<p>                -“Cómo? No sos Paula García Fuentes?”.</p>
<p>                -“No”, dije. “Soy Paula Maffei”.</p>
<p>                Se hizo un silencio que duró una eternidad. Supongo que en ese tiempo escaneó su memoria lo más rápido que pudo.</p>
<p>                -“¡Uy! ¡Perdón! ¡Me equivoque! Quería llamar a una prima…”</p>
<p>                -“Esta bien, no te hagas problema. Un beso”. Respondí en todo indiferente y despreocupado.</p>
<p>                Colgué el teléfono y no sabía si reírme o llorar. Llamé a una amiga para contarle lo ocurrido. Lloramos de la risa. “Estas cosas te pasan solo a vos”, me dijo.</p>
<p> -</p>
<p>                                                      PAULA  M.</p>
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		<title>RAMIRO GONZÁLEZ</title>
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		<pubDate>Sun, 20 May 2012 01:55:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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-
 Tendrá sentido
 
Debe haber empezado por las cortinas tan cercanas a las hornallas, aunque no estoy seguro. Después se expandió como la peste por toda la  &#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><br /><p>.<img src="http://www.ibiblio.org/wm/paint/auth/pollock/pollock.key.jpg" alt="" width="1095" height="781" /></p>
<p>-</p>
<h2><span style="color: #333399;"> Tendrá sentido</span></h2>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p>Debe haber empezado por las cortinas tan cercanas a las hornallas, aunque no estoy seguro. Después se expandió como la peste por toda la casa, marchitando fotos, destruyendo los muebles, oscureciendo las paredes.</p>
<p>Dicen que ante las situaciones límites uno saca fuerzas de donde no las tiene, pero Pedro a sus ochenta y tantos años no las tenía. No podía correr, no podía llenar un balde con agua ni levantar a Irene postrada en  la cama .Se recostó junto a ella, la envolvió en sus brazos y le dijo que todo iba a estar bien, mientras la casa se iluminaba.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><span style="color: #993300;"><strong>Frutos del bosque</strong></span></span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p>Acompañé a Santiago a un pueblo cuyo nombre no recuerdo. Me dijo que no quería manejar tanto, que a pesar de no tener carnet podía ser yo quien condujera el 504 donde vendían los árboles de arándanos. Quería hacer uno de esos negocios imposibles y poco rentables a los que nos tenía acostumbrado; así que no me pude negar.</p>
<p>El cartel de bienvenida nos indico que habíamos llegado. Le pregunte donde quedaba el vivero y me dijo que no tenia la menor idea, que  los muchachos del taller mecánico a mitad de cuadra, tal vez sabrían.</p>
<p>Al  encontrarlo, no por las indicaciones de los hombres engrasados, sino gracias al  azar, maravillo e inexplicable, no me dio tiempo a bajar del auto decretando que los árboles eran caros y pequeños.</p>
<p>Frenamos a comer en un parador de la ruta,  volvimos todo el camino a casa hablando de su infancia en Arocena.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><span style="color: #ff0000;"><strong>Ella</strong></span></span></p>
<p>Me mantuve sin moverme, sin dejar de mirarla, hasta que ella notase mis ojos rascándose contra su cuello, teniendo que tomar la iniciativa aunque sea para doblarme la cara de una  bofetada. Yo estaba hundido contra una pared desteñida con un vaso del cerveza tibia en la mano.</p>
<p> Nos separaban cinco metros y algunos años.</p>
<p>Cuando giró la cabeza me miró con una dulzura y una timidez que cuando pienso en el amor aún la recuerdo.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><span style="color: #339966;"><strong><em>Segundos antes de ducharme</em></strong></span></span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p>Cuando corrí la cortina me pareció ver una pequeña obra de arte. Tomar en mis manos esas líneas negras que simulaban laberintos, caminos, círculos sucesivos sobre un fondo blanco ovalado.</p>
<p>Pollock, Rothko, Matta o simplemente pelos en el jabón.</p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"><span style="color: #0000ff;"><strong>Royale whit cheese</strong></span>:</span></p>
<p><span style="text-decoration: underline;"> </span></p>
<p>Con el tiempo  olvidé a Mariana. Es extraño que lo único que permanece  en mi memoria sean sus  pies. Los recuerdo suaves y diminutos como una isla de Centroamérica.</p>
<p>Pasaba noches enteras masajeando mis manos con los pequeños pies. Posaba sus talones sobre mis palmas  mientras se recostaba en el sillón; precaria manera de abrazar un pedacito de felicidad.</p>
<p> -</p>
<p>                                                        <span style="color: #339966;"><strong> RAMIRO  G.</strong></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>Raymond Carver</title>
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		<pubDate>Fri, 18 May 2012 03:08:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[taller]]></category>

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COLIBRÌ
-
                                                   Para Tess
 -
Vamos a suponer que digo verano
escribo la palabra “colibrí”
la meto en un sobre,
y la llevo colina abajo
hasta el buzón. Cuando abras
mi carta  &#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><br /><h1><span style="color: #ff6600;"><em><span style="color: #ff0000;">.<a href="http://www.nuestrotaller.com.ar/wp-content/uploads/2012/05/carver.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-4504" title="carver" src="http://www.nuestrotaller.com.ar/wp-content/uploads/2012/05/carver.jpg" alt="" width="431" height="296" /></a></span></em></span></h1>
<h1><span style="color: #ff6600;"><em><span style="color: #ff0000;"> </span></em></span></h1>
<h1><span style="color: #ff6600;"><em><span style="color: #ff0000;"> </span></em></span></h1>
<h1><span style="color: #ff6600;"><em><span style="color: #ff0000;"> </span></em></span></h1>
<h1><span style="color: #ff6600;"><em><span style="color: #ff0000;">C</span>OL<span style="color: #99cc00;">IB</span><span style="color: #666699;">RÌ</span></em></span></h1>
<p>-</p>
<p>                                                   Para Tess</p>
<p> -</p>
<p>Vamos a suponer que digo verano</p>
<p>escribo la palabra “colibrí”</p>
<p>la meto en un sobre,</p>
<p>y la llevo colina abajo</p>
<p>hasta el buzón. Cuando abras</p>
<p>mi carta recordarás</p>
<p>aquellos días y cuánto</p>
<p>cuantísimo, te quiero.</p>
<p>-</p>
<p>-</p>
<p>                           Raymond Carver</p>
<p>Del libro <strong>Un sendero nuevo a la cascada</strong></p>
<p>Ed. Visor</p>
<p><strong><span style="text-decoration: underline;">Nota</span></strong>:  el libro reúne los últimos 40 poemas escritor por Carver,</p>
<p>sus últimos meses de vida, padeciente de un cáncer de pulmón.</p>
<p>Tess es su última mujer, Tess Gallagher.</p>
<p><strong>-</strong></p>
<p><strong>Fíjense el sonido-sentido de:  elegir un pàjaro, &#8220;escribir un pàjaro&#8221;, </strong></p>
<p><strong>no dibujarlo, porque el remitente es poeta, no pintor&#8230;  </strong> </p>
<p><strong>pero ademàs un colibrí, un pàjaro casi invisible</strong></p>
<p><strong> y ademàs la eufonìa, el sonido de la palabra.</strong></p>
<p><strong> </strong> </p>
<p><strong>Otra maravilla del poema, es que en su brevedad, </strong></p>
<p><strong>usa los 3 tiempos verbales, el futuro, el presente y el pasado. </strong> </p>
<p><strong></strong> </p>
<p><strong>Escribo la palabra colibrí … </strong> </p>
<p><strong>Cuando abras (vayas a abrir)… </strong> </p>
<p><strong>Recordaràs… </strong> </p>
<p><strong>             Y vuelve al presente (omnipresente, </strong></p>
<p><strong>porque cuando ella reciba la carta él estarà muerto)… </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong>CUANTO </strong></p>
<p>CUANTÌSIMO TE QUIERO </p>
<p><strong></strong></p>
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		<title>mañana ROMA&#8230;</title>
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		<pubDate>Thu, 17 May 2012 22:55:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[taller]]></category>

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<table border="0" width="100%">
<tbody>
<tr>
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<div>
<div>
<table border="0" width="90%">
<tbody>
<tr>
<td><img src="https://fbcdn-sphotos-a.akamaihd.net/hphotos-ak-ash3/578045_404337092922485_100000385937525_1263008_2080383789_n.jpg" alt="" width="614" height="671" /></td>
</tr>
</tbody>
</table>
</div>
<p> </p>
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</div>
</td>
</tr>
</tbody>
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</div>
</td>
<td> </td>
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</ul>
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</td>
</tr>
</tbody>
</table>
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		<title>CORTÁZAR: El Perseguidor</title>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 14:55:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[taller]]></category>

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		<description><![CDATA[.
-
Como es natural mañana escribiré para Jazz Hot una crónica del concierto de esta noche. Pero aquí, con esta taquigrafía garabateada sobre una rodilla en  &#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><br /><p>.<img src="http://3.bp.blogspot.com/_vrtGIhRcqPM/SwP0exx18SI/AAAAAAAACiY/4E5hE3lSCtc/s1600/julio-cortazar-el-perseguidor-zorro-rojo.png" alt="" width="531" height="781" /></p>
<p>-</p>
<p>Como es natural mañana escribiré para <em>Jazz Hot</em> una crónica del concierto de esta noche. Pero aquí, con esta taquigrafía garabateada sobre una rodilla en los intervalos, no siento el menor deseo de hablar como crítico, es decir de sancionar comparativamente. Sé muy bien que para mí Johnny ha dejado de ser jazzman y que su genio musical es como una fachada, algo que todo el mundo puede llegar a comprender y admirar paro que encubre otra cosa, y esa otra cosa es lo único que debería importarme, quizá porque es lo único que verdaderamente le importa a Johnny.</p>
<p>Es fácil decirlo, mientras soy todavía la música de Johnny. Cuando se enfría… ¿Por qué no podré hacer como él, por qué no podré tirarme de cabeza contra la pared? Antepongo minuciosamente las palabras a la realidad que pretenden describirme, me escudo en consideraciones y sospechas que no son más que una estúpida dialéctica. Me parece comprender porqué la plegaria reclama instintivamente el caer de rodillas. El cambio de posición es el símbolo de un cambio en la voz, en lo que la voz va a articular, en lo articulado mismo.                      </p>
<p>Cuando llego al punto de atisbar ese cambio, las cosas que hasta un segundo antes me habían parecido arbitrarias se llenan de sentido profundo, se simplifican extraordinariamente y al mismo tiempo se ahondan. Ni Marcel ni Art se han dado cuenta ayer de que Johnny no estaba loco cuando se sacó los zapatos en la sala de grabación. Johnny necesitaba en ese instante tocar el suelo con su piel, atarse la tierra de la que su música era una confirmación y no una fuga. Porque también siento esto en Johnny, y es que no huye de nada, no se droga para huir como la mayoría de los viciosos, no toca el saxo para agazaparse detrás de un foso de música, no se pasa semanas encerrado en las clínicas psiquiátricas para sentirse al abrigo de las presiones que es incapaz de soportar. Hasta su estilo, lo más auténtico en él, ese estilo que merece hombres absurdos sin necesitar de ninguno, prueba que el arte de Johnny no es una sustitución ni una completación. Johnny ha abandonado el lenguaje hot más o menos corriente hasta hace diez años, porque ese lenguaje violentamente erótico era demasiado pasivo para él. En su caso el deseo se antepone al placer y lo frustra, porque el deseo le exige avanzar, buscar, negando por adelantado los encuentros fáciles del jazz tradicional. Por eso, creo, a Johnny no le gustan gran cosa los blues, donde el masoquismo  y las nostalgias… Pero de todo esto ya he hablado en mi libro, mostrando cómo la renuncia a la satisfacción inmediata indujo a Johnny a elaborar un lenguaje que él y otros músicos están llevando hoy a sus últimas posibilidades. Este Jazz desecha todo erotismo fácil, todo wagnerianismo por decirlo así, para situarse en un plano aparentemente desasido donde la música que da en absoluta libertad, así como la pintura sustraída a lo representativo queda en libertad para no ser más que pintura. Pero entonces, dueño de una música que no facilita los orgasmos ni las nostalgias, de una música que me gustaría poder llamar metafísica, Johnny parece contar con ella para explorarse, para morder en la realidad que se le escapa todos los días. Veo ahí la alta paradoja de su estilo, su agresiva eficacia. Incapaz de satisfacerse, valle como un acicate continuo, una construcción infinita cuyo placer no está en el remate sino en la reiteración exploradora, en el ejemplo de facultades que dejan atrás lo prontamente humano sin perder humanidad. Y cuando Johnny se pierde como esta noche en la creación continua de su música, sé muy bien que no está escapando de nada. Ir  a un encuentro no puede ser nunca escapar, aunque releguemos cada vez el lugar de la cita; y en cuanto a lo que pueda quedarse atrás, Johnny lo ignora o lo desprecia soberanamente. La marquesa, por  ejemplo, cree que Johnny teme la miseria, sin darse cuenta de que lo único que Johnny puede temer es no encontrarse una chuleta al alcance del cuchillo cuando se le da la gana de comerla, o una cama cuando tiene sueño, o cien dólares en la cartera cuando le parece normal ser dueño de cien dólares. Johnny no se mueve en un mundo de abstracciones como nosotros; por eso su música, esa admirable música que he escuchado esta noche, no tiene nada de abstracta. Pero sólo él puede hacer el recuento de lo que ha cosechado mientras tocaba, y probablemente ya estará en otra cosa, perdiéndose en una nueva conjetura o en una nueva sospecha. Sus conquistas son como un sueño, las olvida al despertar cuando los aplausos le tren de vuelta, a él que anda tan lejos viviendo su cuarto de hora de minuto y medio.</p>
<p> -</p>
<p>-</p>
<p>                      <span style="color: #993300;"><strong>JULIO CORTÀZAR</strong></span>, El Perseguidor p.39-42</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>MARÌA BELÈN IRUSTA</title>
		<link>http://www.nuestrotaller.com.ar/?p=4496</link>
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		<pubDate>Wed, 16 May 2012 03:12:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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Moebius
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Son siete cuadras hasta el picaporte dorado de la puerta blanca con el timbre redondo del consultorio tres. Es el tercer timbre, porque es el  &#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><br /><p>.<img src="http://www.kunstinargentinien.com/images/2007/07/moebius.jpg" alt="" width="450" height="607" /></p>
<p>-</p>
<h1><span style="color: #008080;">Moebius</span></h1>
<h1><span style="color: #008080;">-</span></h1>
<h1><span style="color: #008080;">-</span></h1>
<h1><span style="color: #008080;"> </span></h1>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>Son siete cuadras hasta el picaporte dorado de la puerta blanca con el timbre redondo del consultorio tres. Es el tercer timbre, porque es el consultorio tres. Lo recuerdo ahora, ayer, todos los días, excepto los miércoles a las diecinueve cuando llego a la puerta blanca del picaporte dorado, levanto la mirada y me encuentro con los tres botones numerados de menor a mayor y de izquierda a derecha. El primer impulso es apretar el segundo que tiene un número 2 y está ubicado entre el primer y tercer timbre redondo de plástico, que es el que tendría que tocar sin dudar; pero dudo y el dedo va hacia el botón del medio y pienso si es el timbre, si no era otro, si no era el tres y en cómo resolví el miércoles anterior este dilema. Es el tres y siempre es el mismo timbre todos los miércoles aunque prefiera los números pares, pero así no funcionan los timbres, ni los consultorios. Tampoco los psicoanalistas.</p>
<p>Primer cuadra. Vereda impar.</p>
<p>El informe vence mañana y faltan algunos puntos. La vecina salió en calzas a pasear su proyecto de perro. La miro y sabe que la miro y me deja mirarla como si no le importara que los dos sepamos. Ya lo estoy viendo a Carlos culpándome por no haber terminado el trabajo. Debería usar esas calzas todos los días. El médico del 9° B me mira de reojo como queriendo saludar y con esfuerzo digo hola. Me pongo los auriculares mientras con la excusa del perro seguramente se va a acercar a ella preguntándole sobre el alimento balanceado, la edad, el veterinario, el nombre y esas cosas de las que no puedo hablar por falta de interés y de conocimiento. Llegaré mañana a la reunión con tranquilidad y cuando él suba la ceja y tuerza la boca como un pulgar hacia abajo facial, lo voy a mirar fijamente y con una voz serena y firme como nunca me escuchó le voy a decir que fue Ernesto, su pollo, quien no entregó los puntos. No me explico cómo un perro tan chico puede cagar tanto.</p>
<p>Doblo a la izquierda.</p>
<p>Subo el volumen. Parece que a esta hora salimos todos los postergados; gente que se golpea para pasar primero y viejos que arrastran los pies. Me adelanto con vergüenza y culpa por tener las piernas más ágiles, por ser más joven, por el impulso del apuro, por no quedarme detrás de ellos y a su ritmo. Cuando yo arrastre los pies voy a extrañar la velocidad, pero ahora integro la masa del desasosiego urbano, aunque llegar tarde o unirme al tráfico de peatones que aun pueden adelantarse resultan opciones irritantes. También podría terminar el informe antes de la reunión. Si tomo un taxi en la esquina llego antes al consultorio y tendré que sentarme en el sillón de la sala de espera hasta que se haga la hora.</p>
<p>Cruzo. Tercer cuadra.</p>
<p>La esquina del bar. Después de aquella tarde, nunca más entré. Todos los miércoles miro hacia esa mesa, como si no nos hubiéramos sentado en otras. Recuerdo cuando me contabas sobre la Curva de Moebius. Tiene una extraña propiedad: no posee nada que se pueda llamar <em>dentro y fuera</em>. Te miré con esa cara. Cortaste la servilleta de papel formando una banda, le pediste al mozo la birome, hiciste una línea de puntos sobre uno de los lados, le diste un giro, uniste ambas puntas. Parece que va a llover. Algún día debería sentarme en esa mesa y pedir un café como si nada hubiera pasado.</p>
<p>Semáforo.</p>
<p>Siempre lo mismo: basta que piense en que puede llover para que empiece a ver gente que ya salió con el paraguas por si acaso. Por qué no soy de los que salen con paraguas en vez de ser de los que salen con apuro? Enciendo un cigarrillo.</p>
<p>Si uno se pone a andar por la cara interior de la banda, de repente aparece por la cara exterior y viceversa, dijiste, y llevaste mi dedo a pasear por la línea de puntos azules hasta que desaparecieron.</p>
<p>Es el tercer timbre, claramente.</p>
<p>Quinta cuadra.</p>
<p>Terminar el informe antes. Yo, todo yo. No, que se haga cargo. Yo no soy su asistente, cumplí con mi parte y no soy ningún pelotudo que se deje pisotear; prefiero ser un hijo de puta, como Ernesto, de vez en cuando, para variar, para salirme del rol de buen compañero que salva al equipo desde el anonimato. Gotas. Tendría que haber tomado un taxi. Voy a llegar mojado al consultorio porque no llevo paraguas porque no soy previsor porque siempre salgo a último momento con el tiempo contado para llegar caminando con buen clima hasta la puerta blanca de picaporte dorado donde me olvido el número pero a dos cuadras se que es el tres. Si tuviera un asistente, un pelotudo como yo que hiciera todo mi trabajo, recordaría el paraguas por lo menos.</p>
<p>Avenida.  Llueve tanto.</p>
<p>Y después dijiste :  Ves? No hay dentro ni fuera, ni arriba, ni abajo…</p>
<p>La curva de Moebius no es orientable. Los auriculares no son a prueba de agua.</p>
<p>Los Ernestos y los Carlos del mundo siempre consiguen paraguas, recuerdan los números de los timbres, saben de perros y no caminan con los zapatos mojados. No quisiera ser ellos ni por un instante, ni por todo el reconocimiento del mundo, porque yo no soy así, yo pienso en el otro, yo trabajo para un equipo, yo puedo dejar los egoísmos personales por una causa común. Soy mejor persona que ellos y entonces no tengo que engranar por mezquindades como un informe que a nadie le aporta nada ni es de relevancia en la vida de ninguna persona. Debería ocupar mi tiempo en lo que realmente importa.</p>
<p>Séptima.</p>
<p>Y no vengo a recostarme mojado en un diván para perder el tiempo porque algo debo estar buscando, como todos. Como el del noveno, que quiere a la vecina y sabe que tiene que hablar de perros y aunque yo también quiera a la de las calzas, no debe ser tanto así o haría algo, no se, le hablaría del clima pero de seguro prefiere los perros que la lluvia. Es el número tres, ninguno de los otros. Si me enfermo mañana podría faltar a la presentación, el informe hablaría de mi trabajo y Ernesto quedaría expuesto frente a Carlos, que lo miraría con la ceja levantada y me perdería la satisfacción.</p>
<p>Llego a la puerta blanca de picaporte dorado que hoy tiene los vidrios empañados y aunque quisiera tocar el segundo botón redondo de plástico, estoy seguro que es último timbre impar de la derecha donde el dedo se hunde… hasta que desde adentro algo suena, empujo y se abre.</p>
<p>…es como la curva del eterno presente, sentenciaste,  mientras bebías un sorbo de té.</p>
<p>-</p>
<p>-</p>
<p><span style="color: #008080;"><strong>Belén</strong></span></p>
]]></content:encoded>
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		<title>naciò MANUELA (de Massei)</title>
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		<pubDate>Tue, 15 May 2012 15:03:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ 
.
&#8212;&#8211; Original Message &#8212;&#8211;
From: natalia massei
To: Scalona Marcelo
Cc: Ariel Zappa ; Ariel Zappa1 ; Cintia Sartorio ; cintiasartorio@addendaconsultora.com.ar ; Ferrero Mónica ; gabrielagervasoni@hotmail.com ; GONZALEZ  &#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><br /><div> </div>
<div>.<img src="https://fbcdn-sphotos-a.akamaihd.net/hphotos-ak-ash2/38212_1474863667512_1111290577_1339171_2253958_n.jpg" alt="" width="205" height="604" /></div>
<div>&#8212;&#8211; Original Message &#8212;&#8211;</p>
<div><strong>From:</strong> <a title="nataliamassei@gmail.com" href="mailto:nataliamassei@gmail.com">natalia massei</a></div>
<div><strong>To:</strong> <a title="info@scalonamarcelo.com.ar" href="mailto:info@scalonamarcelo.com.ar">Scalona Marcelo</a></div>
<div><strong>Cc:</strong> <a title="aazappa@hotmail.com" href="mailto:aazappa@hotmail.com">Ariel Zappa</a> ; <a title="1500fuegos@gmail.com" href="mailto:1500fuegos@gmail.com">Ariel Zappa1</a> ; <a title="csartorio1@hotmail.com" href="mailto:csartorio1@hotmail.com">Cintia Sartorio</a> ; <a title="cintiasartorio@addendaconsultora.com.ar" href="mailto:cintiasartorio@addendaconsultora.com.ar">cintiasartorio@addendaconsultora.com.ar</a> ; <a title="moniferrero1@hotmail.com" href="mailto:moniferrero1@hotmail.com">Ferrero Mónica</a> ; <a title="gabrielagervasoni@hotmail.com" href="mailto:gabrielagervasoni@hotmail.com">gabrielagervasoni@hotmail.com</a> ; <a title="gonzalezgarciamarcela@hotmail.com" href="mailto:gonzalezgarciamarcela@hotmail.com">GONZALEZ GARCIA MARCELA</a> ; <a title="gonzalezmonicam@uolsinectis.com.ar" href="mailto:gonzalezmonicam@uolsinectis.com.ar">GONZÁLEZ MÓNICA Mercedes</a> ; <a title="clotamalko@yahoo.com.ar" href="mailto:clotamalko@yahoo.com.ar">Malkovic Claudia</a> ; <a title="cecilia.mohni@gmail.com" href="mailto:cecilia.mohni@gmail.com">Mohni Cecilia</a> ; <a title="psi.gonzalezmonicam@gmail.com" href="mailto:psi.gonzalezmonicam@gmail.com">Mónica M. González</a> ; <a title="nicoaimetti@yahoo.com.ar" href="mailto:nicoaimetti@yahoo.com.ar">Nicolás Aimetti</a> ; <a title="pablo_mengascini@sinectis.com.ar" href="mailto:pablo_mengascini@sinectis.com.ar">Pablo Mengascini</a> ; <a title="susana_paganini@hotmail.com" href="mailto:susana_paganini@hotmail.com">Paganini Susana</a> ; <a title="silvinapotenza@hotmail.com" href="mailto:silvinapotenza@hotmail.com">Potenza Silvina</a> ; <a title="spotenza@tutopia.com" href="mailto:spotenza@tutopia.com">Potenza Silvina -2</a> ; <a title="silvitares@hotmail.com" href="mailto:silvitares@hotmail.com">silvia Estevez</a> ; <a title="soledadplasenzotti@hotmail.com" href="mailto:soledadplasenzotti@hotmail.com">soledad plasenzotti</a> ; <a title="tesalio23@hotmail.com" href="mailto:tesalio23@hotmail.com">tesalio23@hotmail.com</a></div>
<div><strong>Sent:</strong> Tuesday, May 15, 2012 10:12 AM</div>
<h2><strong>Subject:</strong> <span style="color: #ff0000;"><strong>sol de otoño</strong></span></h2>
</div>
<p>&#8230; en el mail anterior olvidé cambiar el asunto. éste es el que encabeza el mensaje: sol de otoño.</p>
<div>El 15 de mayo de 2012 10:00, natalia massei &lt;<a href="mailto:nataliamassei@gmail.com" target="_blank">nataliamassei@gmail.com</a>&gt; escribió:</p>
<blockquote><p>queridos compañeros,<br />
quería contarles que Manuela nació este sábado 12&#8230; un solcito de otoño.<br />
estamos muy bien y muy felices.</p>
<p>abrazos a todos,</p>
<p><strong><span style="color: #ff0000;">natalia</span></strong></p></blockquote>
</div>
]]></content:encoded>
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		<title>MARIO TREJO, mi entrevista</title>
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		<pubDate>Tue, 15 May 2012 03:27:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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		<description><![CDATA[.



EL POETA DE &#8220;LOS PAJAROS PERDIDOS&#8221; OTRA VEZ EN ROSARIOMario Trejo volvió a casa
En Barcelona sus ingresos &#8220;se desvanecieron por cuatro&#8221;. A Buenos Aires la  &#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><br /><p>.<img src="http://www.ipoetinomadi.com/foto%20de%20trejo%20para%20cambiar.jpg" alt="" width="500" height="477" /></p>
<table border="0" width="88%">
<tbody>
<tr>
<td width="58%" align="left" valign="bottom">EL POETA DE &#8220;LOS PAJAROS PERDIDOS&#8221; OTRA VEZ EN ROSARIO<strong>Mario Trejo volvió a casa</strong></p>
<h2>En Barcelona sus ingresos &#8220;se desvanecieron por cuatro&#8221;. A Buenos Aires la encontró &#8220;horrible, fría e inanimada&#8221;. Entonces quedaba Rosario, donde &#8220;mis amigos de fierro me pueden contener&#8221;.</h2>
<h2><span style="color: #ff0000;">Por Marcelo Scalona</span></h2>
<hr /></td>
<td width="42%" valign="middle" bgcolor="#808080"> <strong>El próximo martes a las 21 Mario Trejo conversará con el público en el Café de la Opera. </strong>&#8220;Escribo todo el tiempo, pero últimamente me ha vencido el inglés, es el idioma más completo&#8221;.</td>
</tr>
<tr>
<td width="58%">No es sencillo contar todo lo que es, ha hecho y significa Mario Trejo en el mundo del arte y la cultura argentina. Poeta, dramaturgo, actor, periodista, letrista de tango, fotógrafo, guionista de cine, profesor, y especialmente, esa clase de artista amigo y maestro de los otros artistas, discípulos o condíscipulos. En ese tono, agradece que no le haga la clase de preguntas hospitalarias o administrativas que sólo interesan (dice él citando a Marcel Duchamp) &#8220;a los imbéciles y a los profesores de literatura española&#8221;. Trejo es un poeta &#8220;millonario de palabras&#8221; (se lo acaba de escribir Liliana Heer en una dedicatoria), acostumbrado a transitarlas en cinco idiomas (castellano, inglés, francés, italiano y portugués), y mientras recita a Dylan Thomas o a Rimbaud en sus lenguas madres, recuerda las tres horas en que escribió &#8220;Los Pájaros Perdidos&#8221; con Astor al piano y en Roma, o las anécdotas de Onetti o la entrevista al Che Guevara o cómo era filmar con Bernardo Bertolucci. Muchos juguetes para mí, temblando además porque mi entrevistado ha escrito ese monumento poético que es &#8220;El Uso de la Palabra&#8221;.  <strong>‑¿Mario, cómo es este regreso?</strong>  ‑Hay encuentros, reencuentros y desencuentros. Antes, en todos los regresos, algo encontraba. O se caía el peso o se caía Alfonsín, una vez volví y estaba Menem y hasta encontré trabajo. Pero esta vez aquí me siento como en el aprendizaje del desaprendizaje: duro, triste e incómodo trabajo&#8230; recuerdo el verso de Olga Orozco, &#8220;ayúdame a construir la casa&#8221;. Ahora significa tirar abajo una casa para hacer otra&#8230; ¿pero qué hacés con los escombros? Los códigos han cambiado y te sentís como el gran matemático de Bagdad (Omar Kahayam) en la neblina de Londres.</p>
<p> <strong> ‑¿Y por qué volviste a Argentina, y elegiste Rosario y no Buenos Aires?</strong></p>
<p>  ‑Yo vivía bien en Barcelona, pero de pronto, el año pasado, como le pasó a todos los argentinos, mis ingresos se desvanecieron por cuatro. La percepción de los derechos de autor se ha hecho muy lenta, engorrosa y escasa. Tengo amigos de fierro en Buenos Aires, pero la ciudad está horrible, fría, inanimada y, como diría Cadícamo, &#8220;nadie invita a morfar, todo el mundo en el riel&#8221;.  En cambio Rosario es más humana, comprensible, siento que aquí (mis otros amigos de fierro) me pueden contener y yo también.</p>
<p> <strong> ‑¿Proyectos de trabajo?</strong></p>
<p>  ‑Tengo que escribir tres cosas para la colección de &#8220;El Argonauta&#8221;:  el prólogo a la reedición de la revista &#8220;Letra y lírica&#8221;, en la que Oliverio Girondo, originalmente llamó a colaborar a Enrique Molina, Miguel Brascó, Alberto Vanasco y a mí como secretario de redacción.  Quiero hacer una selección de textos que tienen, como diría Borges, &#8220;algunas líneas que han insistido en persistir&#8221;. Por ejemplo: que hay que cuidarse de la derecha cuando es diestra, y de la izquierda cuando es siniestra&#8230; o aquella otra que dice que solamente hay dos patrias, la infancia y la amistad. Además voy a publicar un nuevo libro de poemas donde busco celebrar los clásicos y lo clásico.</p>
<p> <strong> ‑¿Qué es un clásico?</strong></p>
<p>  ‑Son los que te pegan un hachazo irreparable en la cabeza, y como decía Vanasco, son Shakespeare, Rimbaud y Dostoievsky&#8230; (recita en inglés) &#8220;¿what have they done of your tongue William Shakespeare? (¿qué le han hecho a tu lengua William&#8230;?)</p>
<p> <strong> ‑¿Los poemas ya están escritos?</strong></p>
<p>  ‑Yo escribo todo el tiempo, pero últimamente me ha vencido el inglés, es el idioma más completo. El italiano es el más bello fonológicamente, y luego el portugués, y por último el francés que tiene muchas repeticiones. Por eso me duele el cercenamiento que le hacen ahora al idioma inglés, con el videoclip y la publicidad.  Estoy escribiendo unos poemas breves que marcan el retorno a los clásicos, a Bécquer, a Thomas, a Baudelaire. Y tienen que ser breves, porque como decía Macedonio a propósito de Víctor Hugo: &#8220;el lector ya se fue y el gallego sigue hablando&#8230;&#8221;  Eso es lo que voy a leer el martes en el Café de la Opera.</p>
<p> <strong> ‑¿Y de los argentinos?  </strong></p>
<p>  ‑(Agarra una foto de Discépolo que tengo en mi estudio, se la coloca en el pecho y se pone de pie). Los Contursi, Celedonio Flores, los dos Homeros, Cadícamo, Lepera, Catulo, Piana y Discépolo, maestro de todos&#8230; los argentinos, en este imperio editorial tenemos que rescatar lo nuestro. Por ejemplo, el poeta (medio rosarino) Daniel Giribaldi, cuyos &#8220;Sonetos Mugre&#8221; corren parejos con los de Quevedo. ¿Sabés que pasa&#8230;?  ¿Cuál es la diferencia entre los ricos y nosotros los escritores, le preguntó Hemingway a Scott Fitzgerald? La guita, nada más. Esto es igual. En el mundo hay primera clase y ninguna clase. Nada más.</p>
<p> <strong> ‑¿Y el tango arrima a primera clase?</strong></p>
<p>  ‑Es arte verdadero, porque el tango, no es &#8220;ni la viejita, ni la maté porque era mía&#8221;. No. El tango es el tiempo que se va&#8230; &#8220;que veinte años no es nada&#8221;. Eso es el tango&#8230; el tiempo. Es Proust el tango. La fugacidad, la eternidad efímera le llamaba Sarduy.</p>
<p> <strong> ‑A propósito&#8230; para &#8220;Los Pájaros Perdidos&#8221;, ¿Piazzolla te sugirió el tema?</strong></p>
<p>  ‑Estábamos en Roma. Yo colaboraba con Bertolucci en el guión de &#8220;Novecento&#8221; y nos encontramos en el hotel. Me dio la música grabada en un casette, y al rato la llamó a Amelita, se sentó al piano y primero preparé el monstruo&#8230; que se llama. Le marcás una letra cualquiera arriba de los compases y después sí, hacés la letra verdadera. </p>
<p> <strong> ‑¿De dónde salió la metáfora de los pájaros perdidos?</strong></p>
<p>  ‑Muchos años antes, una noche, estaba con mi amigo el actor Raúl Santana en la playa, en Gesell. Era de noche, mirábamos el mar, la playa y Raúl me dice: &#8220;Mario, los pájaros no mueren, se gastan volando&#8230; se disuelven&#8221;. Esa es la fugacidad del arte, la poesía está ahí, ya está escrita, solamente hay que estar atentos.</p>
<p> <strong> ‑¿Es cierto que la escribiste en una hora y media?</strong></p>
<p>  ‑Mejor poné tres horas, así me creen. ¿Sabés de que me acuerdo siempre? Cuando terminé de escribirla, Amelita me hizo un café con leche y un sandwich de jamón crudo. Ella me lo hizo. ¿Eso es Bill Evans&#8230;? (escucha &#8220;El Pavo Real&#8221; y empieza a imitar en francés al presentador del Festival de Montreaux&#8230; &#8220;Yerrí Mulligán&#8221;, &#8220;Erí Gomés&#8221;) y de pronto dice: ‑ Pero no son tontos, Lanusse, lo pronunciaban en español. Decían Lanusse, porque &#8220;L&#8217; anús&#8221; es el ano.</p>
<p>  <strong>-¿En Rosario tenés algún proyecto?</strong></p>
<p>  ‑Quiero hacer un grupo de estudio literario, poesía y prosa, y trabajarlo en cuatro idiomas: inglés, francés, portugués e italiano.</p>
<p> <strong> ‑¿Vas a ir a votar el 27, qué expectativa te generan las elecciones?</strong></p>
<p>  ‑Cambia la etiqueta, el contenido es el mismo. Tenemos sentimiento político pero no pensamiento político. Igual que los norteamericanos; la diferencia, como diría Fitzgerald, es que ellos tienen la guita. Sin embargo, quiero dejar un mensaje esperanzador para los argentinos, cuando uno piensa en los talentos que tenemos&#8230; de aquí salió Borges, la Argerich, Baremboim, Lalo Schifrin, Astor, Xul Solar&#8230; y Salgán&#8230; y Pugliese, y Troilo, para mí Troilo y Goyeneche son lo máximo. </p>
<p>  Entonces me empieza a cantar los dos últimos tangos inéditos que escribió, con música de Virgilio Espósito. Me recita Góngora en castellano y otra vez Dylan Thomas en inglés y Baudelaire en francés.  Y como ya es tarde, nos vamos a cualquier fonda a seguirla, buscando en una noche neblinosa, el café con leche y el sandwich de jamón crudo. Algún sabor fugaz e inolvidable como el que siempre trae una mujer.</td>
<td width="42%" align="left" valign="top"><strong>Rosario: </strong>&#8220;En Buenos Aires `nadie invita a morfar, todo el mundo en el riel&#8217;. Rosario es más humana, comprensible, siento que aquí me pueden contener&#8221;.<strong>Tango: </strong>&#8220;No es `ni la viejita, ni la maté porque era mía&#8217;. No. El tango es el tiempo que se va&#8230; &#8220;que veinte años no es nada&#8221;. Eso es el tango&#8230; el tiempo&#8221;.<strong> </strong></td>
</tr>
<tr>
<td width="58%"> </td>
<td width="42%"> MI HOMENAJE AL GRAN MARIO TREJOFALLECIDO ESTOS DÌAS EN BUENOS AIRES</p>
<p>LA ENTREVISTA FUE EN ABRIL DE 2003.-</p>
<p>UN HONOR&#8230;</td>
</tr>
<tr>
<td width="58%"> </td>
<td width="42%"> </td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><a href="http://www.rosario-12.com.ar/2003/04/06/tespectaculos.htm"><strong>http://www.rosario-12.com.ar/2003/04/06/te</strong>spectaculos.htm</a></p>
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		<title>Barthesianos &#8211; Sarlo</title>
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		<pubDate>Sun, 13 May 2012 22:47:26 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
				<category><![CDATA[taller]]></category>

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		<description><![CDATA[. 




.
Barthesianos de por vida




Por Beatriz Sarlo







El hombre que hacía música con las ideas




-
 En 1958, Barthes inició un estudio sobre la moda. Todavía no había escrito  &#8230;]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p></p><br /><p>. </p>
<table border="0" cellspacing="1" cellpadding="0" width="100%">
<tbody>
<tr>
<td width="100%">
<h2><span style="color: #ff0000;">.<img src="http://intermediodvd.files.wordpress.com/2011/10/barthes6.jpg?w=545" alt="" width="235" height="365" /></span></h2>
<h2><span style="color: #ff0000;">Barthesianos de por vida</span></h2>
</td>
</tr>
<tr>
<td>
<h2><span style="color: #ff0000;">Por <span style="color: #333399;"><em>Beatriz Sarlo</em></span></span></h2>
</td>
</tr>
</tbody>
</table>
<table border="0" cellspacing="1" cellpadding="0" width="140">
<tbody>
<tr>
<td><span style="color: #0000ff;"><strong>El hombre que hacía música con las ideas</strong><br />
</span><a href="http://www.pagina12web.com.ar/diario/cultura/7-48955.html"></a></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>-</p>
<p> En 1958, Barthes inició un estudio sobre la moda. Todavía no había escrito una tesis de doctorado porque había pasado de un tema a otro sin alcanzar ese género fatal de la disertación académica. Entonces se le ocurrió que Lévi-Strauss fuera su director de tesis. Naturalmente, fue rechazado, pero recibió la indicación de que se ocupara sólo de la moda escrita, consejo que Barthes siguió al pie de la letra. André Martinet también recibió la visita de Barthes por la cuestión de la tesis. En el curso de un almuerzo, Barthes lo convenció a Martinet (entonces una estrella de la lingüística) y éste aceptó. Pero el tema de tesis nunca llegó a registrarse en la Sorbona y Barthes prefirió escribir un libro, su libro más pesadamente semiológico, El sistema de la moda. Después ya no volvió a insistir con la fantasía de aprobar un doctorado. Eso le faltó para siempre.<br />
Cuando lo rechazó, Lévi-Strauss no equivocaba el motivo: para él, Barthes era “demasiado literario”. Pasó casi medio siglo desde entonces y Barthes siguió siendo “demasiado literario”, es decir un escritor que tomaba sus argumentos de la literatura o los convertía a la literatura, pasándolos por su albedrío o su capricho. El sistema Barthes es arborescente pero nunca enciclopédico, construido por elecciones estratégicas en el cuerpo de la lengua francesa y otros pocos territorios, la poesía del haiku y el mismo Japón, el Werther de Goethe o los ejercicios espirituales de Ignacio de Loyola.<br />
De la literatura, su obra recibió el poder de encantamiento. Barthes vuelve barthesianos a sus lectores, del mismo modo en que Proust los hace proustianos. No es una cuestión de gusto, ni siquiera es una cuestión de ideas, ni de estilo. Se trata, más bien, del descubrimiento de una sensibilidad y de sus reflejos, dónde pone los acentos, cuáles son los detalles que le importan. Los que seguimos leyendo a Barthes somos barthesianos de por vida. Se trata, sencillamente, de una conversión.                                           <a href="http://www.pagina12web.com.ar/diario/imprimir/48955.html" target="_blank"><br />
</a></p>
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		<title>ANDREA PARNISARI</title>
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		<pubDate>Sun, 13 May 2012 22:39:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>admin</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p></p><br /><p>.<img src="http://1.bp.blogspot.com/-0fpDPOyOayo/TXU9LFAh3uI/AAAAAAAABVs/xGOv_6da-Vs/s1600/photostgermain_presse_complet_img_61.jpg" alt="" width="431" height="595" /></p>
<p><strong>Sintió</strong>  que no podía detener la caída, la suela del  zapato gastada, lisa y la vereda con un charquito  imperceptible después de la lluvia. El derrumbe de su masa corporal hizo un ruido al caer como si se tratara de algo inerte. El llavero sonó como un leve pájaro metálico.</p>
<p>Mientras duró el viaje de su altura hasta el suelo, Pedro Ramón Miralva, creyó percibir que algo dentro suyo se desprendía  y cambiaba de lugar.</p>
<p>El resbalón se produjo a las seis de la tarde, lo sabía porque 5 minutos antes había consultado el reloj, para ver si Carla podía estar llegando del trabajo y encontrarla en la puerta o doblando en la esquina, en dirección contraria a los autos, verla venir recién bajada del colectivo.</p>
<p>Mientras caía veía sus recuerdos como alucinaciones.</p>
<p>No hubo orden cronológico, más bien los episodios se le iban presentando como quien mira fotos desordenadas.</p>
<p>En el borde del trampolín de la pileta del club Juventud Unida, queriendo demostrar que ya no tenía miedo al agua, la malla de lycra gruesa azul eléctrico, los ojos mirando el agua como un gran útero insondable, el tirarse, el llegar, tomando contacto con el amniótico más frío de lo esperado y hundirse, dejarse llevar hasta el fondo, contener la respiración y el vértigo de su primera vez moviendo los pies desesperados y pequeños para llegar a la superficie y al fin sacar la cabeza convencido de no tener branquias, porque ya sentía la sensación de ahogo, y más rápido los pies ayudados por los brazos, asomarse por arriba del líquido azul y ver en el borde de la gran pileta a su madre aplaudiendo.</p>
<p>En el salón de segundo grado de la escuela Carlos Casado en el turno de la mañana, escribiendo al dictado lo más rápido que podía para demostrar que era un alumno capaz de sacarse diez no solo en matemáticas, el lápiz Faber verde con rayitas negras como una prolongación de sus dedos, los ojos fijos en los renglones, escribiendo con esfuerzo justo un milímetro arriba de cada uno, apurarse, perderse, retomar, el dolor del costado de la mano derecha y el descuido. Sus anteojos de marcos gruesos, pesados para un niño de su edad, marrones,  imitación carey, al suelo, estrellados, rotos. Dejarlos tirados para no perder tiempo, quedar cuatro palabras atrasado, seguir, seguir, adivinando los renglones porque no veía, terminar el dictado justo y sin errores. Diez.</p>
<p>La primera fiesta, en lo de Griselda, sus catorce años expectantes, la cerveza comprada en el kiosco del Tuerto, tomada a escondidas y en exceso, aprovechando la distracción de los adultos viendo Grandes valores del tango, cuando Soldán todavía no había mostrado su amor por los gatos.</p>
<p>El gato salvado  del animalcidio.</p>
<p>Estela, su primera novia, que lo dejaría muerto de amor a los seis meses.</p>
<p>El adiós sui géneris, su primer recital, ir colado con su hermano mayor, el Negro y el Facha, que fumaban porros y a él de daba miedo porque era mucho más chico, casi un nene, y Charly dice: sin síncopa muchachos, y no entiende bien pero le gusta, sin síncopa, sin síncopa.</p>
<p>La agrupación, la militancia.</p>
<p>Si Evita viviera sería montonera.</p>
<p>Se salvó porque vivía en un pueblo chico, la cana los miraba con una mezcla de paternalismo fachistoide y compasión.</p>
<p>Además se sabía que no eran pibes peligrosos, llevaban ropa usada al barrio Nueva Roma, visitaban enfermos de pocos parientes en el hospital, se reunían en la casa de alguno a fumar, a escuchar esa” música horrible”, pero nada grave porque era una ciudad chica y todos se conocían, ni daba para pedirles documentos, los pendejos se hubieran reído: pero señor, no me conoce, yo fui a la primaria con el Ariel, su hijo del medio, mi viejo le arregló la bicicleta, de paso le digo que el Ariel todavía no le pagó.</p>
<p>Para los 15 ya sabía hacer asados, era un arma de seducción poderosa, una vez por semana iban con la barra,( pibes y pibas) al club a comer asado, el vino comprado en damajuana, después la guardaban vacía en un escondite secreto cerca del club que más tarde también serviría para esconder algunos libros y cartas de compañeros de Bs As, porque hubo un momento en  que la cosa se puso bien fiera, el Ariel ya hacía tiempo que le había pagado el arreglo de la bici a al viejo.</p>
<p>Después Rosario, la facultad, otro tiempo.</p>
<p>El centro de estudiantes, aguante el Santiago Pampillón , aunque ahora estaría con la Martín Fierro de una, le dijeron que los pibes de la Masotta son re capos, alto nivel académico, qué buenos tiempos, cuánto hace que no va a la facultad, está  hecha toda nueva, no la reconocés, no piensa en ir, le dolería tanto cambio externo y adentro los nuditos marineros apretados de siempre. Uf!</p>
<p>Algunos pacientes le preocupan, supervisa, supermastercard, supernaranja,  Asumió lo de River, eso ya no le preocupa. Estaba mejor del estómago hasta ayer, ayer al escucharlo se le hizo una perforación nada que envidiarle a las que hará YPF con Miguel Galuccio a la cabeza. Moría de dolor, se doblaba para respirar, hacía tanto tiempo que no le pasaba, cuando quiere matar a alguien y obvio no puede, le pasa. Aprendió  a manejar lo de matar, ni a gancho ve TN, hace zapping rapidísimo por si se le aparece Lanata o Fernando Iglesias, un día soñó con Fernando Iglesias, la noticia de que se había visto a Satanás merodeando por una de las calles cercanas al Ponte Vecchio en Florencia tenía al mundo en vilo, sobre todo a los que la cultura occidental le hizo creer que son culpables de crímenes horrendos aunque nunca hayan comprado Raid, el sometimiento por la culpa, la garantía de estos 2000 años de delirios aceptados, bueno él era uno de esos, en el sueño de Pedro el culpable, el diablo tenía la cara de Fernando Iglesias, se despertó sudado y le agarró colitis, de la fea, la que explota.</p>
<p>Pero ayer no tomó las precauciones suficientes, tenía encendida la radio, sonaba Calamaro: Soy tuyo… me gusta desarmarme… así con esa letra no sabe bien que pasó, pero apareció hablando el gordo González, cada palabra del gordo era una trompada en la boca del estómago, se fue derecho a la guardia, le dieron omeprazol  y rivotril. Se fue aliviando. Igual a la noche el gordo González con Fernando Iglesias entraban con tridentes a su casa, de nuevo la diarrea.</p>
<p>A la médica de la urgencia le comentó algo, quería decírselo a alguien, preguntar quienes eran los normales, él, que se lo tomaba así o los que podían escuchar al gordo González y seguir con sus  con sus vidas como si nada. </p>
<p>Una semana después sobrevino la caída, esa ruptura de la linealidad de sus días, esa precipitación al borde del vacío, era estimulante, le agrandó los ojos.</p>
<p>Se juró que nunca más se dejaría perforar el estómago por cretinos. Había pasado tres días haciendo sufrir a su cuerpo sin salida posible, pero ahora lo veía claro, empezaría a tomarlo con calma, como los otros, como sus amigos, incluso lo de Carla, que ya debe haber dejado de vivir con ese tipo por el que lo dejó hace un año, ella es así, le dura eso. Se prometió no intentar averiguar nada. María debería saber algo o si no, Juan. Volvió a prometerse.</p>
<p>Se fue a dormir con Molinari baila. (*)</p>
<p>Se le iban cerrando los ojos al leer el último párrafo de la página 27,</p>
<p>mi fuego kamikaze, mi fuego kamikaze, mi fuego ka…</p>
<p>-</p>
<p>                                                          ANDREA P.</p>
<p>(*) Molinari baila.</p>
<p>    Beatriz Vignoli</p>
<p>    El ombú Bonsai</p>
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