CLAUDIA MASÍN

-CLAUDIA  MASÍN-

Frag. del poemario   EL SECRETO

———————————————————

———————————————————

 

          Los pulmones de los niños

         son limpios y pequeños pero en ellos

         cabe la tristeza inagotable.

         De respirar ese aire estoy enferma.

         Yo ya no puedo. Cansada como si me dijeran

         que el oxígeno que me robé del mundo

         tiene que ser devuelto.

         Dame una respiración que no se agite

         ni se quiebre. Dale a mi corazón un ritmo

         sereno y constante: el ciclo de las estaciones,

         las fases de la luna, el previsible, calmo tránsito

         de los días y los meses.

         Del tiempo en que mi hermano y yo

         crecíamos al sol, abandonados

         y desbordantes como frutas salvajes,

         quedó en mi pecho un viento

         crudo y antiguo que no dejará de agitarse

         ni aún en medio del día más apacible,

         más hermoso del verano.

         Cuidar lo que no tiene cura: el cuerpo,

         aunque más no sea porque todavía contiene

         ese secreto que nos decíamos, de niños, al oído,

         y que ningún adulto recuerda.

         Nunca consumé

         separación alguna. Unida

         a cada brizna de hierba tanto

         como a mi madre, soy una cuerda

         de luz que desciende del aire

         y se anuda a la sombra que dejan

         todas las cosas al irse.

         Jamás sabría soltar tu mano, aún cuando el silencio

         exija su parte de mi amor, que ya te he dado.

         No te pido que comprendas

         Te pido que me escuches en silencio

         Cuando hablo, algunas noches, un idioma

         Que yo misma desconozco y que me aterra.

         El amor que te tengo crece

         como una raíz enferma que está destinada

         a morir y hacer morir.

         El cansancio de un cuerpo reposa en otro cuerpo

         hasta que uno de los dos, el más voraz,

         despierta al más vencido, y le arrebata el aire.

         Te dí mi cuerpo y lo recibiste

         del mismo modo que si un niño te hubiera ofrecido

         un tesoro incomprensible como prenda de amor:

         el corazón de un pájaro, un pañuelo de arena.

         Descanso de mí como ciertas flores del desierto,

         arrancadas del tallo, descansan en la arena:

         sin esperar nada, ni la lluvia ni la muerte.

         Desearía que me hables, como si tu voz

         hubiera sido la primera que escuché

         sobre la tierra, el molde de todos los sonidos

         que vinieron después y también,

         en el fin, lo que me llevo conmigo al lugar

         hacia el que vuelvo.

         El viaje de lo visible a lo invisible

         duró la vida entera.

         ahora, dame tu abrazo

         para olvidar mi miedo a llegar, sola,

         a un país extranjero.

Un Comentario

  1. Scaló
    Publicado 8 Jul ’10 en 17:47 | Permalink

    La foto es de Henri Cartier Bresson.-

Publicar un Comentario

Tu email nunca será publicado o compartido. Los campos requeridos están marcados con un *

*
*

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>